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16 de junio del 2005


Una tarde con la SIP en La Habana

Treinta periodistas independientes escuchan una conferencia y dialogan, vía telefónica, con el director del Instituto de Prensa de la SIP, Ricardo Trotti

Desde 1999 el International Media Center de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) desarrolla un programa de capacitación y entrenamiento a distancia para periodistas independientes de Cuba. Hasta el presente, más de 177 han recibido clases sobre temas de contenido y técnicas de redacción. Luego, enseñan lo aprendido a sus colegas, en un esfuerzo pedagógico multiplicador.

El International Media Center es una institución de educación e investigación de la Escuela de Periodismo y Comunicaciones de FIU. Así, el programa de capacitación para los cubanos es solamente uno dentro de los tantos que desarrolla el centro, liderado por Charles H. Green, director; John Virtue, subdirector, asistidos ambos por el periodista cubano Jorge Dalmau.

Se sabe que Cuba es, literalmente, un mundo aparte. Por eso las clases han tomado por caminos nada ortodoxos: textos de lectura enviados por correo desde países tan remotos como la India, o vídeos de clases grabadas desde Panamá. En una ocasión John Virtue viajó como turista desde Canadá y, después de pasear la isla para despistar, pudo impartir un taller de cuatro horas a más de una veintena de periodistas y esfumarse.

Desde febrero de 2005 el Centro ha puesto en práctica una novedosa modalidad de videoconferencias desde sus oficinas en el Biscayne Bay Campus, en Miami. En Cuba, los periodistas viajan mensualmente a la capital, venciendo los obstáculos homéricos que cualquier ciudadano está obligado a sufrir para ir de una provincia a otra. La oficina de intereses de Estados Unidos en La Habana les presta un salón donde se reúnen para recibir las clases. Desde allí ven y escuchan a los profesores, a quienes pueden interrumpir y hacer preguntas.

Ayer fue una de esas sesiones. Ricardo Trotti, director del Instituto de Prensa de la SIP, fue invitado para que dictara una conferencia. En La Habana aguardaban expectantes treinta cubanos. Era la primera vez que un funcionario de la SIP se dirigía a tantos periodistas de la isla.

Y la primera vez que ellos dialogaban con un representante de la organización que, desde 1959 y en voz de su presidente Jules Dubois —como se encargaron de recordar los mismos estudiantes— denunció los primeros atropellos a la libertad de prensa del castrismo.
La tecnología jugó una mala pasada y no hubo imagen, pero eso no hizo que decayera el interés.

Trotti saludó a los estudiantes de al lado del Estrecho de la Florida y enseguida les contó acerca de la página dedicada a Cuba que el IP tiene en funcionamiento desde 1997 (www.sipiapa.com ). Allí no sólo pueden consultarse las resoluciones de la SIP de sus asambleas, sino también los frecuentes comunicados que se divulgan sobre el tema cubano. Y las propias colaboraciones de los periodistas. Es una lástima que los estudiantes no estuvieran tan familiarizados con esta página pues, como se sabe —aunque quizá no lo suficiente— en Cuba no existe acceso libre a la Internet.

El director del Instituto les explicó el trabajo de la Comisión de Libertad de Prensa, esencia de la labor de la SIP, para vigilar y denunciar cualquier atropello a la libertad de prensa en el hemisferio. Señaló los desafíos actuales de la organización y destacó el compromiso de la SIP con el tema cubano, los vínculos con otras organizaciones internacionales, como Periodistas Sin Fronteras, Comité para la Protección de los Periodistas, UNESCO, la Sociedad Norteamericana de Editores de Periódicos (ASNE), la Asociación Mundial de Periódicos (WAN), y relató en detalle los planteamientos de la SIP en la reciente asamblea de la OEA de Fort Lauderdale, Florida, sobre la situación de los 23 periodistas que aún se encuentran en las cárceles.

Se refirió asimismo al trabajo de la Comisión de Impunidad, y citó la cifra de 286 periodistas asesinados en la última década, explicó el empeño de lograr que ningún crimen quede impune y las dificultades y modestos éxitos en esta empresa.

Abordó lo realizado por la Comisión de Chapultepec, en particular para eliminar las leyes de desacato —tan utilizada en Cuba para encarcelar a opositores— y promover leyes de acceso a la información en los países latinoamericanos.

Trotti estuvo hablando durante casi una hora. Entonces los periodistas cubanos hicieron preguntas.

Armando Betancourt, de NPC, indagó cuál debía ser la conducta de un periodista si era testigo de un hecho de violencia: ¿reportarlo o impedir que se cometiera un atropello? Víctor Manuel Domínguez García, de APSIC, se interesó en saber cómo los periodistas latinoamericanos se enfrentaban a los límites del secreto de Estado. Mario González, del Grupo Decoro, solicitó acceso a la declaración de Chapultepec. Reinaldo Cosano Alen, de Lux Info Press, pidió más detalles acerca de la labor de la SIP en relación con Cuba; Carlos Serpa, de Info Press, se refirió a las difíciles condiciones de vida de los periodistas y preguntó si la SIP podría ayudarlos monetariamente; Ángel Pablo Polanco, de Noticuba, propuso vías más expeditas de comunicación con la SIP a fin de denunciar casos puntuales de golpizas y atropellos contra periodistas presos, como en el caso de Fabio Prieto Llorente; Lucas Garve, de la Fundación para la Libertad de Expresión, hizo una amplia exposición acerca de la actividad de la SIP en defensa de los periodistas y destacó que le resultaba grato constatar que el movimiento de prensa independiente no estaba muerto, pese a los encarcelamientos y el exilio de muchos de sus protagonistas, y que la casi totalidad de los presentes recién se habían incorporado; Lamasiel Gutiérrez, de NPC, insistió en establecer vías de comunicación permanentes con la SIP.

Ricardo Trotti respondió todas las preguntas y prometió elevar a las autoridades de la SIP las preocupaciones de los estudiantes, entre ellas, las relativas a los contactos, la ayuda material y monetaria, y la publicación de colaboraciones de los periodistas en publicaciones del continente. Los cubanos, con toda razón, reclamaron más acciones de la SIP y otras organizaciones a favor de los periodistas presos. Trotti, por su parte, al resaltar lo logrado, reconoció el sentimiento de frustración al presentar demandas ante un gobierno (el cubano) que ni siquiera acepta dialogar o dar la cara.

Los aplausos indicaron el fin de la sesión. Felizmente, se consumió más tiempo del programado. Fue una experiencia útil, productiva y emocionante. No en balde los periodistas se quedaron con los deseos de seguir la plática. Ya hay una promesa de proseguirla. En Miami, quienes escuchamos la conferencia y el diálogo tan franco entre el conferencista y los estudiantes nos sentimos enaltecidos y esperanzados. Todos aprendimos.

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