Quiero iniciar estas palabras, dando la más cálida bienvenida
a nuestro país a todas las delegadas y delegados a esta Sexagésima
Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa.
Es un grato honor estar hoy acompañado de nuestro querido
colega y amigo, Tony Saca, presidente de la hermana República de EI
Salvador, a quien le doy la bienvenida.
Es para Guatemala un verdadero honor y una gran satisfacción
al que se celebre por primera vez en tierras centroamericanas una asamblea
general de la más importante organización de prensa del hemisferio.
Saludamos muy especialmente a sus directivos y a su presidente,
el Sr. Jack Fuller, quien ha dejado por unos días 105 helados vientos
de Chicago para venir a la tierra de la eterna primavera.
Saludamos también a 108 ilustres panelistas y nos lIena de orgullo
el que participen como expositores nuestros premios Nobel de la Paz de Centroamérica:
Doña Rigoberta Menchú Tum, de Guatemala, y Don Oscar Arias Sánchez,
de Costa Rica.
La asamblea que los congrega es sin duda de gran trascendencia.
Ella ocurre en un mundo lIeno de incertidumbres.
Las múltiples transformaciones que se agolpan de manera
simultánea con tanta celeridad sobre nuestro mundo actual, han permitido
acercarnos cada vez más a lo que algunos lIaman la sociedad del conocimiento
y otros la
SOCIEDAD DE LA INFORMACION.
Hace poco más de un par de décadas nacían
las computadoras personales y unos pocos años más tarde, gracias
a un trabajo generoso de las universidades por compartir y profundizar al
conocimiento humano en todas las disciplinas, nacía el Internet. Nunca
antes, gracias a la tecnología digital y a las telecomunicaciones por
satélite, contó la humanidad con tantas posibilidades de desarrollo
como ahora; y nunca antes contó con tantas opciones para informarse
e informar como ahora.
Ello ha hecho que las sociedades estén más vigilantes
que nunca de sus autoridades y ejerzan una verdadera monitoría social
sobre el desempeño de sus estructuras públicas y de las autoridades
que eligieron para defenderse contra los abusos y la corrupción.
Pero al conocer, hace pocas semanas, el informe de Naciones
Unidas sobre el estado de la democracia en América Latina, se comprueba
una vez más que nuestras sociedades se encuentran lIenas de frustración
sobre un desarrollo que las democracias no han logrado producir.
Luego que América Latina dejó atrás el
período de la guerra fría con sus regimenes autoritarios, luego
de muy duros programas de ajuste estructural, luego de imponer disciplina
fiscal, luego de enormes esfuerzos por reformar el Estado y sus instituciones
por emprender reformas fiscales y abrir nuestras fronteras al comercio, resulta
que las prometidas inversiones externas nunca lIegaron como se esperaban y
el acceso a nuestras exportaciones en los mercados de los países desarrollados
sigue lIeno de obstáculos. En este marco, el ejercicio libre del periodismo,
ahora encuentra desafíos complejos en los retos de la gobernabilidad
nacional, regional y mundial.
Nuevas y antiguos fanatismos religiosos se entrecruzan con fundamentalismos
políticos que buscan dar significados distintos a los mismos hechos,
eventos o procesos que son objeto de tratamiento en los medios noticiosos.
Legítimas aspiraciones de masas pobres y en algunos
lugares cada vez más empobrecidas, se funden en ocasiones con agendas
étnicas y lingüísticas postergadas.
Pueblos enteros que han sido excluidos y discriminados, enarbolan
con justicia sus aspiraciones.
Pero cada vez más los medios de comunicación,
al igual que los gobiernos, se están encontrando con que estas demandas
populares de equidad, son en ocasiones abusivamente alimentadas y manipuladas
por otros intereses políticos arteros, a veces ligados al narcotráfico
y al crimen organizado.
Por ello es digno de reconocimiento el enorme esfuerzo que
los medios de comunicación del hemisferio realizan constantemente por
elevar la calidad de sus servicios, ampliar el horizonte y profundidad de
sus análisis, y asegurarse también de que su tarea informativa
se mantenga alejada de cualquier presión o manipulación indebida.
Es cada vez mas difícil comprender cabalmente lo que
ocurre en el mundo de hoy y de qué forma nos afecta. Por ello la delicada
labor periodística es cada vez más crítica para el ciudadano
común, tanto para su información y construcción de criterios,
como para su participación y aporte en su comunidad, en un mundo tan
interconectado.
Hoy más que nunca la prensa responsable es también
factor de gobernabilidad.
Luego de reiterarles nuestra bienvenida y los mejores deseos
para que su estancia en nuestro país sea del todo placentera, les deseamos
también que sus trabajos sean exitosos; y que el resultado de esta
reunión vigorice aún más los esfuerzos continentales
por fortalecer una prensa responsable y sin obstáculos a la libre difusión
de la información, de las opiniones y de las ideas.
Y con estos pensamientos mucho me complace declarar solemnemente
inaugurada la Sexagésima Asamblea General de la Sociedad Interamericana
de Prensa.
MUCHAS GRACIAS