Reunión de Medio Año





 

 

61ª Asamblea General
The Westin Hotel
Indianápolis, Indiana
7 al 11 de octubre de 2005


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ALEJO MIRÓ QUESADA
Discurso de inauguración ante la 61a Asamblea General
Indianápolis, Indiana
7 al 11 de octubre del 2005


Queridos colegas y autoridades presentes:

Hace más de medio siglo que la prensa escrita vive enfrentando un constante acoso por parte de nuevos medios de información.

Muchos pronosticaron que nuestro fin estaba a la vuelta de la esquina. Pero... aquí estamos. Y muy bien dispuestos a continuar por mucho tiempo más. ¿No es así?

Y es que hay dos aspectos que nuestros contendores no tuvieron en cuenta: por un lado, nuestra profunda vocación periodística, que nos ha llevado a límites extremos con tal de mantener vigente el periodismo impreso, y por el otro, la perennidad y fortaleza de nuestra materia prima: la palabra escrita. Ambos le han dado tal solidez a nuestro mensaje que nos ha permitido ir enfrentándonos con eficacia al depredador de turno.

No es entonces la competencia lo que nos alarma. Lo que sí es sumamente preocupante es ir notando una paulatina tendencia de la prensa escrita a ver que su credibilidad se va deteriorando.

Ahora bien, no es tampoco que no seamos creíbles. Y quisiera ser muy claro en esto. Continuamos siendo, en general, el medio de información más respetado en nuestros países. Pero hay una disminución de nuestra credibilidad y no podemos dejar que esto continúe.

Por ejemplo, de acuerdo con el Pew Research Center, la credibilidad de los diarios en Estados Unidos ha decrecido 13 puntos porcentuales entre 1998 y el 2004. Y pudiese ser aun mayor en América Latina, donde hay una pérdida de credibilidad en la generalidad de las instituciones.

En este foro de profesionales no requerimos incidir en lo grave que es perder credibilidad. Sabemos que es el punto de quiebre del círculo virtuoso de nuestra profesión:

La credibilidad nos da lectoría y
la lectoría atrae publicidad,
la publicidad crea rentabilidad,
la rentabilidad permite independencia editorial
y la independencia genera credibilidad... cerrándose así el círculo virtuoso de la prensa exitosa.
Vemos entonces que perder credibilidad no sólo afecta al diario; también menoscaba el negocio.

Pero, además, el problema se acrecienta cuando percibimos que la pérdida de credibilidad se engendra prioritariamente en el interior de la prensa escrita. En conclusión: cualquier solución tendrá que surgir también de dentro de ella. ¡Menudo problema!

Vislumbro tres principales derroteros para analizar el porqué de esta afectación de la credibilidad; haciendo la salvedad de que no podemos generalizar, pues hay muchos medios que no se han visto afectados:

Primero.- ¿No será que en nuestra labor diaria omitimos muchas veces practicar valores periodísticos, como por ejemplo el de la independencia? ¿Entonces, no será que para incrementar nuestra credibilidad requerimos practicar más los valores periodísticos?

Segundo.- ¿No será que no siempre le damos la atención debida a la confirmación de detalles a la calidad y cantidad de las fuentes, al contexto y terminamos publicando informaciones sin observar todo el rigor necesario? ¿Entonces, no será que para incrementar nuestra credibilidad requerimos ofrecer más calidad informativa?

Tercero.- ¿No será que en el fragor de la información diaria damos prioridad a la agenda de nuestros periódicos, especialmente en temas políticos, y dejamos de atender adecuadamente lo que nos pide el ciudadano? ¿Entonces, no será que un mejor servicio dirigido a elevar el nivel de vida del lector mejorará nuestra credibilidad?

Creo firmemente que, cualquiera que sean estas respuestas, todo da a entender que habría llegado el momento de analizar el tema de valores periodísticos y tomar acciones. En concreto: parecería que le ha llegado a la SIP el momento de, sin cejar en su lucha por la libertad de prensa, hablar más abiertamente no solo de derechos... sino también de deberes.

Y es que todo da a entender que apostar por el predominio de los valores periodísticos en nuestros medios sería el camino más sensato. Es decir: apostar por la calidad informativa, por el rigor, por la veracidad, por servir a nuestros lectores. ¿No se justifica, entonces, hacer algo decidido, concreto y hasta audaz?

Porque es audaz darle a la SIP el papel de conducir el proceso de sembrar doctrina para orientar a los medios y periodistas por el camino del círculo virtuoso.

¿Y por qué la SIP, me pregunto, debe ser la que asuma tan incómodo encargo? Pues, porque creo que somos la única institución periodística de ámbito hemisférico con la experiencia, solidez y prestigio suficientes como para tratar, desde la prensa misma, un tema tan delicado.

Sin embargo, debemos estar igualmente convencidos de que el tema tiene que tratarse con cautela y sin apuro.
Pasando a la acción:

¿Qué hacer entonces? Pues bien, el primer paso lo damos justamente hoy, en Indianápolis. El tema central de la sesión que tendremos en la tarde será la preparación a la Conferencia Hemisférica sobre Valores Periodísticos por realizarse previsiblemente en San José de Costa Rica a fines del 2006.

Pero tengamos claro que el camino está lleno de escollos. Por un lado, hay motivos para temer que solo el tratar estos temas públicamente genere, entre los legisladores, políticos o burócratas el impulso de reglamentar, mediante alguna norma, lo que la SIP propugna se haga dentro del marco ético de la autorregulación.

Se debe considera también que tampoco se trata de propugnar una reglamentación o un código ético. Es decir, tenemos que encontrar una fórmula que, desde dentro del principio de autorregulación, permita sentar las bases doctrinarias que nos ayuden a recuperar credibilidad. ¿Un credo? ¿Una declaración de principios como la de Chapultepec? Veremos.

De los valores periodísticos por analizar seguramente tres no dejarán de ocupar nuestra atención, ya que de alguna manera responden a las preguntas arriba planteadas y sobre las que me permito trazar algunos derroteros a título personal.

Primero: La Independencia.

Ya hemos visto cómo opera el círculo virtuoso del éxito periodístico. En él se demuestra que la independencia de la sala de redacción es indispensable no sólo para el éxito periodístico del diario, sino también para el éxito financiero de la empresa. Y cuando hablo de independencia me refiero no sólo a la tradicional: frente a poderes políticos, militares, económico, mafiosos. Me refiero a la independencia de la sala de redacción, incluso, frente a la propia empresa, si bien siempre dentro de los valores periodísticos.

Segundo: La calidad y el rigor periodísticos.

Un aspecto fundamental de la calidad periodística tiene que ver con la veracidad: cuidar el rigor al máximo, dar la versión contraria, aceptar rectificaciones con facilidad, no invadir con subjetividades las áreas destinadas a la parte noticiosa, etcétera, harán más creíble a nuestro medio.

Tercero: Servicio.

Tengo la percepción de que los ciudadanos nos reclaman cada vez más un papel trascendental: que apoyemos a las instituciones -entendiendo como instituciones también a las autoridades ejecutivas, legislativas, municipales, judiciales, comunitarias- en el logro de un buen gobierno que logre darle al ciudadano el mejor nivel de vida que reclama.
Aclaro, y en este punto no quiero que se me malinterprete, que apoyar la gobernabilidad no debe confundirse con el de apoyar políticamente al gobierno de turno. Nada de eso. Se trata de que los medios sientan la necesidad de orientar proactivamente a las instituciones, y dentro de ellas a las autoridades para que puedan servir mejor a su comunidad, en concreto, que logren mejorar su nivel de vida.

Pero también implica que fiscalicemos a las instituciones para que actúen con eficiencia. Y si se hace necesario, que denunciemos sin miramientos a los corruptos.

Concluyo; la SIP tiene un buen ganado prestigio en el hemisferio por su crucial lucha en defensa de la libertad de prensa, y esta debe continuar sin cuartel. Pero muchos coincidirán conmigo en que ha llegado también el momento de abrir esa otra cara de la SIP: aquella que ha mirado siempre hacia adentro, y que hoy debe buscar hablar también hacia fuera sobre los deberes de los medios y sobre los deberes de sus periodistas.

Señores, el periodismo escrito tiene un crítico reto por delante: mantener su estatus como el medio de comunicación de referencia. Y ello sólo lo lograremos si, entre otras acciones, mantenemos o incrementamos nuestra credibilidad.
La SIP debe aceptar el reto y liderar ese movimiento en nuestro hemisferio.

Muchas gracias.