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57 Asamblea General
Washington, D.C.,octubre 12-16, 2001
Presentación de Rafael Molina
Morillo
Presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información
de la Sociedad Interamericana de Prensa
Domingo 14 de octubre de 2001
57a. Asamblea General de la SIP, Washington, D. C.
El balance negativo que hubimos de presentar en
nuestro reporte de marzo pasado en Fortaleza sobre el estado de la libertad
de prensa en el continente no se ha solucionado durante los últimos seis
meses.
Si bien es cierto que ha habido algunos progresos, tenemos que reportar, no
sólo la persistencia de las situaciones indeseables ya conocidas, sino
también la aparición de elementos ominosos que atentan contra
el sagrado derecho de los pueblos a informar y ser informados, en una nación
que tradicionalmente ha sido modelo a seguir por el respeto que en ella se ha
profesado siembre a los derechos humanos.
Nos referimos a los Estados Unidos de América, donde presenciamos cómo
un tribunal mantiene en prisión desde el 20 de julio pasado a la escritora
independiente Vanessa Leggett, acusándola de desacato, porque, haciendo
uso de sus derechos constitucionales, ella rehúsa revelar sus fuentes
de información relativas a un sonado asesinato sobre el que escribirá
un libro. También es altamente preocupante el caso de John Solomon, de
la Prensa Asociada, en el cual el Departamento de Justicia ordenó a una
compañía telefónica entregar el registro de las llamadas
telefónicas personales del periodista.
Nos preocupa además el giro que se viene advirtiendo en los Estados Unidos
de América a raíz y como consecuencia de los atentados terroristas
del 11 de septiembre pasado y de la respuesta bélica que los mismos han
provocado. Las medidas de seguridad adoptadas por las autoridades estadounidenses
podrían mediatizar, según han expresado no pocos analistas, la
vigencia de derechos humanos universalmente reconocidos, entre ellos el del
libre acceso a las fuentes oficiales de información, por los controles
militares que puedan establecerse. También se han expresado temores de
que se produzca una tendencia hacia la autocensura, originada en una confusión
del sentimiento patriótico con la obligación periodística.
El corresponsal de la BBC Javier Lizarzaburu ha dicho, talvez con razón,
que "la cobertura de prensa podría ser una víctima de la
primera guerra del Siglo XXI".
En el resto del continente, la lucha que libra nuestra sociedad por una prensa
totalmente libre, responsable e independiente, sigue siendo ardua.
El asesinato de periodistas es, sin duda, la más cruenta forma de combatir
las ideas. Mes por mes, semana tras semana, vemos caer abatidos a nuestros colegas
en distintas latitudes, víctimas de la intolerancia, con la circunstancia
agravante de que en la mayoría de los casos estos crímenes permanecen
impunes, por falta de interés en sus esclarecimientos por parte de las
autoridades. Doce periodistas han sido asesinados en el período de seis
meses que abarca este informe. Sus muertes, en el cumplimiento de sus responsabilidades
como comunicadores, elevan hasta 243 el número de víctimas en
los últimos 13 años.
Los enemigos de la libertad están enquistados en todas partes y se manifiestan,
no solamente por medio de la violencia, sino también por otros medios,
sutiles en algunos casos y grotescos en otros. Lo hacen a través de actuaciones
oficiales de los gobiernos y los políticos, de acciones terroristas,
de espurios intereses económicos o de leyes restrictivas o interpretaciones
sospechosas por parte de algunos jueces, ya sea por venalidad o por falta de
independencia del Poder Judicial en sus respectivos países. Si a todo
esto sumamos la tendencia a la autocensura que venimos observando en no pocos
medios de comunicación latinoamericanos, las dificultades para tener
acceso a las fuentes públicas de información y la utilización
de la publicidad oficial para premiar o castigar a los diarios que son simpáticos
o adversos al gobierno de turno, tendremos que admitir que hoy estamos frente
a uno de los más grandes desafíos en la historia de la Sociedad
Interamericana de Prensa.
Los mayores problemas con del Poder Judicial se observan en Argentina, Bolivia,
Brasil, Colombia, Guatemala, Haití, México, Paraguay, Uruguay,
Venezuela y Jamaica. En Canadá, por otra parte, el Poder Judicial está
facultado para impedir la cobertura periodística de los juicios, lo que
constituye un atentado a los derechos del público para estar informado.
En Venezuela se da el caso de que la Corte Suprema de Justicia aprobó
recientemente la resolución sobre el derecho de respuesta que ocasiona
un impacto negativo directo sobre la libertad de expresión. En Ecuador
la prensa se siente amenazada por una lluvia de demandas judiciales y sentencias
adversas, apoyadas muchas de ellas en una legislación que, lejos de ayudar,
impide el pleno ejercicio de la libertad de prensa.
Una luz, sin embargo, se divisa al final del túnel. La Corte Interamericana
de Derechos Humanos dictó el 7 de septiembre pasado una resolución
que ordena suspender hasta el cumplimiento de específicos procedimientos,
los negativos efectos de una sentencia de los tribunales de Costa Rica que constituían
flagrantes negaciones a la libertad de prensa, en perjuicio del diario La Nación
y su periodista Mauricio Herrera. Esta decisión de la Corte Interamericana
de Derechos Humanos es trascendental, no solamente porque se trata de la primera
medida provisional que se toma a ese nivel en relación la libertad de
expresión, sino también porque puede servir de estímulo
y respaldo a los periodistas de Costa Rica para renunciar a la actitud de autocensura
que advertimos en algunas salas de redacción, durante nuestra reciente
visita a ese país.
La llamada "industria de indemnizaciones" en Brasil, no es el único
problema del periodismo de ese país. A la creciente corriente de procesos
judiciales a que son sometidos los medios, súmense las agresiones, con
asesinatos incluidos, y los intentos de censura, incluyendo un caso de incautación
de los ejemplares de una edición de un periódico que, en la localidad
de Sao Lorenco do Sul, denunció hechos de corrupción administrativa.
Un detallado reporte de la situación brasileña nos dejará
más adelante bien informados sobre el particular, pero debemos destacar,
como la señal más ominosa del semestre, el asesinato de Mario
Almeida Filho, a quien le fueron asestados ocho balazos precisamente en vísperas
de ofrecer ante la justicia un testimonio sobre denuncias periodísticas
que involucrarían a determinado personal de la administración
pública por manejos fraudulentos.
El crimen organizado y especialmente el narcotráfico, se han constituido
en nuevas amenazas para el ejercicio del periodismo libre en México.
No se nota mucho interés por aplicar sanciones a los crímenes
contra periodistas, y se menciona el caso del norteamericano Philip True, cuyos
confesos victimarios fueron puestos en libertad por "desvanecimiento de
pruebas" mientras esperaban sentencia. No se han tenido noticias, por otra
parte, de los resultados de la promesa que el presidente Vicente Fox hizo a
la delegación de la SIP que le visitó en febrero pasado, en el
sentido de que sometería al Congreso de su país un proyecto de
ley para garantizar efectivamente el libre acceso de los ciudadanos y por ende,
de los periodistas, a todas las fuentes de noticias oficiales.
La obligatoriedad de pertenecer a un Colegio de Periodistas, que constituye
una de las más socorridas formas de restringir el derecho de informar
y ser informados que asiste a todos los ciudadanos, ha sido implantada por ley
en Nicaragua y en Honduras. En Nicaragua, felizmente, la ley en cuestión
no ha podido ser aplicada por razones de procedimiento y porque hay pendientes
de fallo dos recursos de inconstitucionalidad en torno a la misma. Pero otra
espada de Damocles pende sobre la prensa independiente de Nicaragua, consistente
en la distribución caprichosa y política de la publicidad oficial.
Un signo alentador fue la firma de la Declaración de Chapultepec por
los principales candidatos presidenciales, en señal de adhesión
a sus principios. El documento se firmó en la residencia de la ex presidenta
Violeta Chamorro y en presencia de una delegación visitante de la SIP.
Ecuador, por su parte, ha sido testigo hace un par de meses, del cierre del
programa de televisión "Le informo, Señor Presidente",
a raíz de haber hecho un recuento de hechos comprometedores para el Gobierno.
La situación en Paraguay se caracteriza por tres tipos de limitaciones
a la libertad de expresión. Por una parte, la inusitada cantidad de demandas
judiciales y sentencias condenatorias contra la prensa, que distrae su atención
y sus recursos entorpeciendo su verdadera misión en la sociedad, que
es informar y orientar a la opinión pública. En segundo lugar,
lo que podríamos llamar la "ofensiva legislativa": la llamada
ley "de transparencia administrativa", que contiene severas disposiciones
para impedir la investigación periodística y cuya derogación
ha sido solicitada al Congreso por la SIP; y la entrada en vigencia de otra
ley-la Número 1682-que reglamenta la información de carácter
privado y viola fundamentales preceptos constitucionales en perjuicio de la
libertad de prensa. Y por último, pero no menos grave, las agresiones
físicas y amenazas que con frecuencia sufren los periodistas.
No se ha experimentado ninguna mejoría en el caso del periódico
El Liberal, de Santiago del Estero, Argentina. El diario permanece bajo situación
de acoso por parte del gobernador de la provincia, sin que de nada hayan valido
las instancias elevadas al gobierno federal, incluyendo las gestiones de la
SIP realizadas personalmente en el terreno por las delegaciones que se han trasladado
allí expresamente con ese fin. Un enfrentamiento similar ocurre entre
el diario Río Negro, de la provincia del mismo nombre, y el gobernador
Jorge Sobisch. La SIP ha denunciado varias veces el estado de indefensión
en que se encuentran los periódicos independientes de provincias, sobre
todo cuando se trata de países de gran extensión territorial en
los cuales los gobiernos centrales no se muestran capaces de controlar los excesos
de los gobernadores.
El periodismo independiente de Cuba sigue siendo objeto de agresiones, como
en las últimas cuatro décadas. Se han reportado nuevos casos de
agresiones e interrogatorios a periodistas, por parte de agentes de seguridad
para que dejen de informar, del mismo modo que al corresponsal de la agencia
independiente Havana Press se le ha impedido cumplir sus tareas. Recientemente
se les impidió salir del país a cinco periodistas con visa norteamericana,
sin mayores explicaciones. La Ley 88 (ó Ley Mordaza), que establece penas
de hasta 20 años de prisión para quienes informen sin permiso
oficial, sigue vigente.
Bolivia es un caso especial. La crisis económica y los conflictos sociales
que desde abril pasado han sacudido a esa nación, protagonizados por
campesinos, productores de coca y otras organizaciones sindicales y cívicas,
han dado lugar a enfrentamientos armados, como resultado de los cuales han resultado
heridas o muertas varias personas, incluyendo periodistas. Si bien resulta difícil
establecer si en alguno de los casos la muerte de un periodista ha ocurrido
precisamente en función de su oficio de informador, es lamentable que
el gobierno no ha puesto todo su interés en esclarecer las responsabilidades
pertinentes.
En Guatemala la SIP obtuvo una promesa del presidente Alfonso Portillo para
poner fin a la querella existente entre los medios escritos y televisados de
la nación. Prometió el presidente someter a licitación
pública dos frecuencias disponibles para canales de televisión
de acceso abierto, a fin de que los sectores que se quejan de un cuasi monopolio
simpatizante con el gobierno, puedan disponer de sus propios medios electrónicos
de comunicación. La promesa del presidente Portillo está supuesta
a ser cumplida a más tardar en diciembre de este año.
Haití no nos ofrece mayores novedades en su difícil ejercicio
periodístico. Son frecuentes los hostigamientos de parte de funcionarios
civiles y militares contra periodistas, mientras permanecen sin castigo los
asesinatos de periodistas reportados anteriormente. Colombia es otro caso que
muestra a un gobierno respetuoso de los derechos humanos, pero incapaz de aplicar
sanciones justas y oportunas a los enemigos de la libertad, que con alarmante
frecuencia agreden y matan a periodistas. En la República Dominicana,
mientras tanto, no han faltado saetas verbales que algunos periodistas han recibido
de parte de funcionarios públicos, incluyendo al Presidente de la República,
y no han faltado casos de agresiones físicas de origen indeterminado,
pero es de justicia señalar que estos incidentes no han sido óbice
para que la prensa y los medios de comunicación en general se desenvuelvan
con entera libertad e independencia.
Hemos presentado un panorama general del estado de la libertad de prensa en
las Américas en estos momentos, sin entrar en los detalles, ya que esa
tarea corresponde hacerla cuando examinemos y discutamos, a partir de ahora,
las situaciones específicas país por país. El resumen que
hemos presentado nos sirve, sin embargo, para visualizar la magnitud del reto
que tenemos por delante los amantes de la libertad.
La Comisión de Libertad de Prensa e Información, hombro con hombro
con la Comisión de Chapultepec y la Comisión de Impunidad, está
alerta para detectar las amenazas y violaciones a la libertad de prensa desde
sus inicios, y despliega, en la medida de lo posible, los mayores esfuerzos
para que resplandezca el derecho y desaparezcan las tinieblas. En esa dirección
hemos desarrollado misiones conjuntas con la Comisión de Chapultepec
a Brasil, México, Costa Rica (dos veces), Nicaragua, Guatemala y Honduras,
así como hicimos presencia en Quebec, Canada durante la celebración
de la Cumbre. También nos hemos trasladado al Perú para congratularnos
allí con nuestros colegas tras el retorno de la legalidad después
de la larga noche de Fujimori y Montesinos, y a Washington D.C., en los trabajos
realizados conjuntamente con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,
en la búsqueda de soluciones relacionadas con nuestros principios y particularmente
con el caso de la periodista guatemalteca Irma Flaquer.
Asimismo, hemos emitido en el período reportado 89 cartas de protesta
y 58 comunicados de prensa, en procura del respeto debido a la prensa y los
periodistas del continente.
Es oportuno hacer constar que en varios de los países visitados hemos
sido recibidos por el pleno de las Cortes Supremas de Justicia correspondientes,
a las cuales les ha sido expuesta la posibilidad de celebrar, en un futuro próximo,
un encuentro entre jueces y periodistas, a nivel continental, como vía
de conocimiento recíproco de las funciones de unos y otros en la sociedad.
Nuestra lucha no terminará, sin embargo, mientras haya un solo periodista
impedido de decir su verdad o un solo ciudadano del continente que no pueda
ser informado libremente.
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