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Asamblea General de la SIP .
Antigua, Guatemala,
22 - 26 de octubre 2004
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CANADA
La libertad
de prensa se ha visto afectada por decretos del Poder Ejecutivo y órdenes
judiciales. La Corte de Apelaciones de Ontario pronto deberá considerar
si en Canadá se puede presentar una querella por difamación contra
The Washington Post en el caso Bangoura vs. The Washington Post, ya que el artículo
supuestamente difamatorio apareció en Internet.
Los defensores de la libertad de prensa están sumamente preocupados por
las implicancias que el caso podría tener ya que se generaría
un precedente que permitiría a los demandantes querellar en otros países
por alguna nota difamatoria publicada por Internet sin tener ninguna conexión
sustancial con el foro aparte de la simple presencia del querellante y un sitio
en la “web”.
Recientemente,
un periodista de un diario punjabi-canadiense estuvo investigando el caso de
una clínica que supuestamente ofrecía servicios que no podía
cumplir. La propietaria de la clínica declaró a la policía
que el periodista la había amenazado de muerte. Este asegura que la policía
no mostró interés en escuchar sus alegatos ni sus pruebas de que
él no podría haber proferido tales amenazas de muerte.
Se presentaron cargos contra el periodista, los cuales la fiscalía tuvo
que levantar posteriormente por considerar que no había posibilidades
razonables de condena. El diario ha visto afectada su venta de publicidad por
los cargos imputados y el periodista se siente imposibilitado de realizar investigaciones
periodísticas aun si es que éstas son de interés de la
comunidad.
En julio,
la Comisión Canadiense de Comunicaciones de Radio y Televisión
(CRTC) -entidad reguladora de las telecomunicaciones- aprobó las solicitudes
para distribuir la señal de la cadena noticiosa Al-Jazeera en idioma
árabe por televisión por cable y satélite. Sin embargo,
esta medida no fue bien aceptada debido a las estrictas reglas impuestas por
la CRTC para controlar los contenidos y evitar la propalación de comentarios
abusivos o antisemíticos, lo cual podría significar la edición
o eliminación de material periodístico.
Michael
Hennessy, presidente de la Asociación Canadiense de Televisión
por Cable, dijo que la decisión de la CRTC convertiría a las compañías
de cable en censores. El dictamen también fue criticado por grupos judíos
que sostienen que la cadena propala contenidos antisemíticos, informó
el Toronto Star.
En julio,
los reguladores federales revocaron la licencia de una radioemisora de Québec
por supuestamente propalar contenidos ofensivos, hecho que ha generado críticas
por parte de los defensores de la libertad de prensa, quienes están preocupados
por el impacto que podría tener dicho dictamen sobre los medios noticiosos.
La CRTC no renovó la licencia de CHOI-FM, la radioemisora más
popular de Québec, alegando que en un programa de entrevistas ésta
había propalado material que violaba la Ley de Radiodifusión,
informó CNews. Ésta ha sido la primera vez en la historia que
la CRTC se niega a renovar una licencia debido al contenido propalado por una
emisora, según CNews y The Globe and Mail.
En mayo,
la Asociación Canadiense de Periodistas (CAJ) otorgó a la agencia
nacional de salud su premio anual “Código del Silencio” por
sus esfuerzos en ocultar información transparente, informó The
Globe and Mail. Durante cinco años, Health Canada, la referida agencia,
no permitió el acceso a una base de datos de medicamentos que se expenden
con receta médica y que podrían ser dañinos, impidiendo
así que los investigadores científicos detecten tendencias e identifiquen
drogas problemáticas.
En mayo,
The Globe and Mail informó de que el diario Winnipeg Free Press estaba
luchando contra los intentos de los fiscales por recurrir a la legislación
antiterrorista para no revelar información sobre un caso penal que involucra
a la pandilla de motociclistas Hells Angels. Por primera vez en un caso penal,
los procuradores están tratando de usar una enmienda a la Ley de Pruebas
de Canadá aprobada en el 2001 para permitir audiencias judiciales a puerta
cerrada. Originalmente, la enmienda se aprobó con la finalidad de ayudar
a proteger al país de la actividad terrorista.
Los procuradores han solicitado una audiencia a puerta cerrada para discutir
por qué cierta información sobre el caso no debe ser vista por
nadie –ni siquiera por los querellantes, sus abogados o los medios. The
Free Press está tratando de tener acceso a la audiencia y a la información,
en tanto que su abogado ha manifestado que la enmienda “impone la confidencialidad
obligatoria en asuntos que podrían ser de enorme interés público”.
Según
un análisis realizado a fines de marzo pasado por la revista New Winnipeg,
las propuestas presentadas por el gobierno y el sector privado para permitir
una mayor participación extranjera en la propiedad de la televisión
por cable limitarían la voz de la ciudadanía canadiense.
El artículo sostiene que el levantamiento de las restricciones para la
participación extranjera en la propiedad sólo beneficiaría
a cuatro grandes compañías de cable, las que así estarían
en capacidad de vender sus acciones a empresas norteamericanas. CNews informó
de que grupos tales como “Friends of Canadian Broadcasting” temen
que los canadienses pierdan el control de sus principales medios de comunicación
si es que el gobierno aprueba tales planes.
En mayo,
la Asociación Canadiense de Periodistas y otras asociaciones internacionales
de prensa condenaron el aparente asesinato del periodista franco canadiense
Guy-André Kieffer, ocurrido en Costa de Marfil, y exhortaron al gobierno
canadiense a presionar a las autoridades de dicho país para que se aseguren
de imponer todo el peso de la ley sobre sus asesinos.
Kieffer, de 54 años, no ha sido visto desde que desapareció el
16 de abril en Abidjan, la ciudad capital. Constantemente informaba sobre casos
de corrupción en el importante comercio de cacao. Algunos simpatizantes
del gobierno lo habían acusado de favorecer a los rebeldes, refiriéndose
a la división existente en dicha nación de Africa occidental entre
el norte en manos de los rebeldes y el sur controlado por el gobierno, a pesar
de que formalmente la guerra civil terminó el verano pasado.
Los medios de Costa de Marfil informan que Kieffer fue secuestrado y asesinado
por milicianos aliados con el gobierno. La organización Reporteros sin
Fronteras sostiene que antes de su desaparición, Kieffer fue amenazado
en dos ocasiones por personas vinculadas con el gobierno.
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