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Chicago , October 10-14, Illinois |
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Country-by-Country informes
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MÉXICO
En
este período se mantuvo un preocupante rezago en el marco jurídico
nacional, lo que originó presiones contra el ejercicio del periodismo.
No se registró ningún asesinato contra periodistas y las agresiones
físicas han disminuido. Sin embargo, los ataques más comunes provienen
de preceptos legales en los que se basan el Ministerio Público y los
jueces para violentar el derecho a la confidencialidad de las fuentes de información.
Asimismo, se multiplican las acusaciones penales por casos de presunta difamación.
Ello provoca que periodistas mexicanos estén sometidos a proceso judicial,
en su mayor parte libres bajo fianza.
No se han concretado los anuncios del gobierno federal mexicano sobre proyectos
de ley para establecer el secreto profesional del periodista, así como
para emprender reformas en las leyes sobre difamación y calumnia, de
manera que sólo puedan aplicarse a medios y trabajadores de la prensa
sanciones civiles en el caso de ofensas a funcionarios públicos relacionadas
con el ejercicio de sus obligaciones, o de personas privadas involucradas directamente
en asuntos de interés público.
La Ley de Imprenta, que data de 1917 y que fue decretada como un acto unilateral
del gobierno de la época, antes de que existiera la Constitución
actual, establece principios inaplicables para la libertad de prensa. Su eventual
derogación no está siendo discutida en el Congreso.
El gobierno del presidente Vicente Fox ha expresado su voluntad de buscar fórmulas
jurídicas a este respecto, aunque no ha logrado concretar acciones.
Existe la necesidad de esclarecer los asesinatos contra periodistas, entre ellos
el de Héctor Félix Miranda, ocurrido el 29 de abril de 1988; de
Víctor Manuel Oropeza, acaecido el 3 de julio de 1991; el del periodista
norteamericano Phillip True, en diciembre de 1998; así como el atentado
a tiros contra Jesús Blancornelas, en noviembre de 1997.
El debate estimulado mediante foros y conferencias alentadas por esta vicepresidencia
generó condiciones para que en el estado de Morelos, la Legislatura votara
reformas a la Constitución estatal para consagrar el secreto profesional
del periodista. El estado de Coahuila analiza actualmente una iniciativa de
ley similar.
La Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública, promulgada
en junio de 2002, y cuyo impulso inicial fue dado por un seminario auspiciado
por la SIP, en febrero de 2001, es un instrumento que ha tenido una positiva
acogida social.
De los 32 estados o entidades federativas con que cuenta México, en 11
se ha legislado en esta misma materia, y en otros ocho existen en este momento
iniciativas de ley similares. Lamentablemente, en varios casos, incluida la
capital de la República, existe un estancamiento en este tema
Agresiones a periodistas en este período:
- El 4 de septiembre se
produjo un nuevo acoso contra reporteros del diario capitalino La Jornada, por
parte de policías federales que acudieron hasta las instalaciones del
periódico y allí los presionaron para que revelaran la identidad
de las fuentes consignadas en un reportaje sobre decomiso de drogas. El problema
se inició en noviembre de 2002, cuando un agente del Ministerio Público
Federal citó a los periodistas con el mismo propósito. La Fiscalía
o Procuraduría General de la República informó que los
policías y el agente del Ministerio Público implicados en este
acoso fueron suspendidos de servicio, y anunció que emitirá un
“reglamento” para determinar en qué casos puede citar a un
periodista, y que “sólo de manera excepcional” se les pedirá
revelar sus fuentes.
- El 26 de agosto el periodista
Francisco Barradas, del estado de Zacatecas, fue detenido y sometido a proceso
judicial bajo cargos de difamación presentados por un síndico
municipal, debido a una nota publicada en julio de 2002. Barradas está
libre bajo fianza y acusó al procurador de Justicia estatal, Aquiles
González Navarro, de manipular la investigación en su contra.
- Conrado de la Cruz Jiménez,
director del periódico Cuarto Poder en Chiapas, denunció que el
arresto de su hijo y funcionario del diario, Conrado de la Cruz Morales, encarcelado
por supuestas irregularidades en un bar de su propiedad, fue motivado realmente
por un ataque del gobierno estatal contra el periódico. El gobierno estatal
mantiene varias acciones de hostigamiento contra el diario.
- El 8 de septiembre, el
periodista Tomás Martínez Juárez, del periódico
Noticias, de Oaxaca, denunció que su automóvil fue incendiado
intencionalmente y responsabilizó de ello a policías estatales
sobre quienes ha publicado informaciones respecto a su presunta complicidad
con bandas de ladrones de autos.
- El 6 de abril, los reporteros
Agustín Pérez y Saíd Betanzos, del diario Frontera, en
Baja California, fueron citados por funcionarios de la Procuraduría General
de la República para que revelaran las fuentes de un reportaje sobre
tráfico de drogas hacia Estados Unidos.
- El 10 de julio desapareció
el periodista Jesús Mejía Lechuga, reportero de la cadena MS Radio
en el estado de Veracruz. Su esposa denunció penalmente la desaparición.
El procurador de Justicia estatal, Pericles Namorado, aseguró que el
reportero salió del estado para eludir una acusación de robo de
automóvil. Raúl Gutiérrez Rodríguez, director del
grupo radiofónico, pidió que se investigara al diputado federal
Guillermo Zorrilla Fernández, quien fue señalado en diversas ocasiones
por el periodista desaparecido por su presunto vínculo con el narcotráfico
en la región.
- El 14 de agosto, un policía
de una corporación pública contratado como guardaespaldas por
la cantante Lucero, desenfundó su pistola y amagó a reporteros
de espectáculos dentro de un teatro que presentaba una obra con la artista.
Casos similares se multiplicaron por parte de gente del espectáculo,
políticos y empresarios, cuyos guardaespaldas intimidan o agreden a periodistas
que buscan entrevistar a estas personalidades.
- No hay avance alguno en
el caso del periodista norteamericano Phillip True desde que el pasado 28 de
enero un tribunal federal revocó una sentencia emitida por el Supremo
Tribunal de Justicia del estado occidental de Jalisco, que imponía una
pena de 13 años de prisión a dos hombres de origen indígena
acusados de la muerte del periodista, ocurrida en diciembre de 1998. El juez
federal consideró que el tribunal estatal cometió irregularidades
jurídicas en el proceso respectivo, que se produjo tras la liberación,
en agosto del 2001, de los indígenas Miguel Hernández y Juan Chivarra,
quienes por beneficio de esta resolución siguen en libertad. Ambos fueron
inculpados poco después del crimen y permanecieron en prisión,
con sentencia formal, durante casi tres años. Juristas de diversos ámbitos
han expresado que el proceso ha estado lastrado por una “notoria ineptitud
o descuido”, además de responsabilizar el juez que inicialmente
exoneró a los señalados de alterar el expediente y asentar hechos
falsos.
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