|
58
Asamblea General
Lima, Octubre 26-29, Perú
|
ESTADOS UNIDOS
La guerra y la amenaza de guerra fueron los temas
más salientes en relación a la libertad de prensa en los Estados
Unidos desde la reunión de la SIP en marzo en la República Dominicana.
En enero, el Tribunal Internacional para Crímenes en la ex Yugoslavia
emitió una citación al ex_reportero del Washington Post Jonathan
Randal para testificar sobre la veracidad de una entrevista que realizó
en 1993 con un ex_líder servo-bosnio, quien ahora está sometido
a juicio por crímenes de guerra. La citación fue emitida luego
que Randal se rehusara a acatar una orden de comparecencia anterior. Según
Randal, el ex_Vice-Primer Ministro Radoslav Brdjanin, quien está siendo
sometido a juicio, había manifestado que deseaba un “éxodo”
pacífico de la población no servia. Randal presentó un
recurso para anular la citación, y solicitó al tribunal que decidiera,
por primera vez, si se debía otorgar a los periodistas el privilegio
condicional de no testificar acerca de la manera en que obtenían sus
noticias, en base al interés del público internacional en el libre
flujo de información a los corresponsales de guerra. La fiscal principal
del tribunal, Carla Del Ponte, sostuvo que, si bien los periodistas podían
tener un derecho limitado a no revelar sus fuentes, esto no se aplicaba en el
caso de Randal, ya que la información que se buscaba ya había
sido publicada y Randal ya había declarado ante los investigadores. La
sala del juzgado dio la razón a la fiscalía y Randal apeló.
En octubre, más de 30 organizaciones periodísticas se le unieron
para presentar un alegato amicus curiae, en el que argumentaban que cualquier
intento de obligar a los corresponsales de guerra a dar su testimonio los haría
parecer como agentes del sistema judicial y, por lo tanto, estarían poniendo
su vida en peligro. A su vez, eso limitaría su capacidad de cubrir los
enfrentamientos.
El caso inmediato que involucra a Randal podría ser discutido pronto
–los fiscales están ahora diciendo que su testimonio podría
no ser necesario. Pero aún no se sabe si el tribunal fallará,
de todas maneras, sobre la cuestión del privilegio de los reporteros,
aún si se retira la citación. No se espera una decisión
en, por lo menos, un mes. Aún si el tribunal opta por no emitir un fallo,
persiste la amenaza que los múltiples tribunales internacionales que
están emergiendo obliguen a los corresponsales de todas las nacionalidades
a testificar.
Entretanto, Estados Unidos mantiene detenido a un asistente de camarógrafo
del canal de televisión Al-Jazeera de Quatar desde hace casi 10 meses
en la base naval en la Bahía de Guantánamo, Cuba, sin que se le
haya hecho cargo alguno. Desde poco después su arresto el 15 de diciembre
en Afganistán, Sami Al-Haj permanece detenido junto con unas 600 personas
sospechosas de pertenecer a Al-Qaeda. Al-Jazeera ha intentado, infructuosamente,
a través de los canales diplomáticos, de obtener su liberación
o, inclusive, de obtener algo de información sobre su caso. La red indicó
que un elemento que complica el caso es el hecho que Al-Haj, un sudanés
que había estado trabajando en dicha estación desde hacía
apenas dos meses, había perdido su pasaporte en el año 2000 y
que éste podría haber sido utilizado por otras personas en forma
fraudulenta. El gobierno estadounidense sostiene que los prisioneros de la guerra
de Afganistán tienen derechos limitados y que su aislamiento, interrogatorio
y detención son necesarios como parte de la guerra contra el terrorismo.
La detención de Al-Haj se hizo pública sólo después
que él enviara una carta a su esposa. Grupos de derechos humanos y de
la libertad de prensa, como el Comité para la Protección de los
Periodistas, con sede en Estados Unidos, han protestado ante el gobierno estadounidense,
indicando que, sin una mayor información al público, es imposible
saber si Al-Haj ha sido encarcelado justa o injustamente.
El gobierno norteamericano también ha adoptado una línea de acción
más dura, al restringir ciertas libertades dentro de su propio territorio
nacional. Las organizaciones periodísticas han estado presentando solicitudes
de acceso a la información y luchando en los tribunales para obtener
mayor información acerca de las más de 200 personas detenidas
como testigos esenciales o sospechosos de delitos relacionados con el terrorismo.
La mayoría está detenida técnicamente por violaciones a
las leyes de inmigración. Todos tienen acceso a abogados, pero el gobierno
se ha negado a divulgar públicamente sus nombres, o los de las 1,200
personas aproximadamente que han sido detenidas por distintos lapsos de tiempo
desde los ataques terroristas del 11 de septiembre del año pasado en
Nueva York y Washington.
En septiembre, el gobierno manifestó que las audiencias de los casos
de inmigración de “interés especial” se realizarían
en secreto. Las apelaciones presentadas han generado fallos contradictorios.
El Tribunal Federal de Apelaciones del sexto circuito, en Cincinnati, dictaminó
que el gobierno no podía emitir un edicto general cerrando las puertas
a las audiencias de inmigración. La reserva tendría que pedirse
individualmente para cada caso. No obstante, el Tribunal Federal de Apelaciones
del Tercer Circuito, en Filadelfia, ratificó la reserva general. Normalmente,
la Corte Suprema interviene en casos como éste, en que dos tribunales
de apelaciones emiten fallos contradictorios.
Entretanto, el gobierno ha rechazado las solicitudes de acceso a la información
sobre los nombres de las personas detenidas. Sostiene que muchos de los detenidos
no desean que se sepa que están siendo o que han sido interrogados, y
que, si divulgara los nombres, Al Qaeda tendría un indicio de la información
que maneja el gobierno.
Asimismo, en mayo, el gobierno autorizó a los agentes del FBI asignados
a casos de terrorismo a que empiecen a intervenir las conversaciones telefónicas
y el tráfico en la Internet, sin necesidad de un permiso previo de un
juez. Se trata del cambio más radical efectuado en el reglamento del
FBI desde la década de 1970.
El gobierno justifica todas estas medidas diciendo que son necesarias para proteger
a la ciudadanía del terrorismo. El gobierno sostiene que los derechos
civiles e individuales se mantendrán firmes. Los críticos responden
que el gobierno está reaccionando en forma exagerada. Por ejemplo, en
el caso de los nombres no divulgados, los críticos sostienen que, a estas
alturas, Al Qaeda ya sabría si algunos de sus elementos operativos estuvieran
desaparecidos, y que ya ha transcurrido suficiente tiempo como para que el gobierno
obtenga la información que requiere, sin presentar cargos.
Mucha gente de la prensa ha estado observando detenidamente el caso para asegurarse
que la entendible necesidad de seguridad no adquiera un peso injustificado dentro
del equilibrio que debe existir entre libertad y seguridad.
En relación a otro tema, el editor David Carson y el director Edward
Powers Jr. de The New Observer, un tabloide de publicación mensual y
distribución gratuita de Kansas, fueron sentenciados en julio por un
jurado por difamación criminal menor por escribir, durante las elecciones
municipales del año pasado, que varios funcionarios de alto nivel en
el Condado de Wyandotte no vivían en el condado como lo requería
la ley. Entre los funcionarios nombrados figuraban la Alcaldesa Carol Marinovich,
jueza de la corte distrital y su esposo, Ernest Johnson, y el Fiscal Distrital
Nick Tomasic. La condena conlleva una sentencia en Kansas de hasta un año
de cárcel. El editor y el director de The New Observer piensan apelar.
Las leyes sobre difamación criminal han sido abolidas en la mayoría
de los estados.
En septiembre, un panel del tribunal federal de apelaciones dictaminó
que el uso de cámaras escondidas por la red de televisión ABC
en una investigación sobre errores en los laboratorios médicos
no constituía una invasión de la privacidad según las leyes
de Arizona, que fue donde se utilizaron las cámaras. El panel del tribunal
ratificó la denegación de una acción contra ABC entablada
por una de las personas materia de esa investigación. El tribunal manifestó
que la importancia pública que tenía la historia pesaba más
que cualquier interés de privacidad del laboratorio y de sus empleados.
Asimismo, el tribunal indicó que las personas jurídicas, a diferencia
de los individuos, no pueden presentar un reclamo legal por invasión
de su privacidad.
Preguntas ó Comentarios? escríbanos
© 2002 Sociedad
Interamericana de Prensa. Todos los derechos reservados.
|