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Discurso de Miró Quesada, presidente de la SIP
60a Asamblea General, 22 - 26 de octubre 2004

Hoy, la libertad de prensa es un derecho legítimamente asumido y aguerridamente exigido por los ciudadanos de este continente.
Pero, ¿estarían estos valores de la libertad de prensa tan enraizados y reconocidos en nuestro continente de no haber sido por la terca lucha que la SIP ha liderado? Claro que no. Ha sido más de medio siglo de duro enfrentamiento a favor de difundir los principios de la libertad de prensa y de defenderla de sus agresores.

En los albores de nuestra institución, en los años 50, la lucha fue contra el totalitarismo y la izquierda comunista que abominaba de esta libertad tan engorrosa para los gobiernos represivos, especialmente los de detrás de la cortina de hierro.

Unas décadas después el esfuerzo se orientó a defender a la prensa de las garras de las dictaduras. Y no ceja, continúa en el caso de Cuba y ahora lo hace con Venezuela.

En la última década, la lucha de la SIP se centró en una nueva amenaza, bastante más sutil pero no por ello menos peligrosa: la utilización de leyes y sentencias judiciales disfrazadas de democracia que socavan la prensa libre. Y nuestra institución les salió al frente con Chapultepec. En muy pocos años --acaba de cumplir diez-- la Declaración de Chapultepec se ha convertido en uno de los grandes referentes doctrinarios de nuestro continente. Gran mérito de la SIP.

Sin embargo, hoy, un nuevo peligro acecha: la pérdida de credibilidad de la prensa. Ello, entre otras razones, producto de diarios, canales de TV, radios y diarios electrónicos que violan sus responsabilidades para con la sociedad. Es decir, medios que quiebran las normas éticas en procura de un abusivo provecho propio. Y claro, justos acabamos pagando por pecadores.

Soy el primero en reconocer que debemos de ser muy cuidadosos al enfrentar el tema de la responsabilidad de los medios, de la misma forma como lo fuimos con Chapultepec --que también generó recelos en su etapa de gestación--.

No estoy proponiendo convertirnos en censores de empresas periodísticas y mucho menos conculcar el derecho a informar y opinar libremente. No, no se trata de eso. Se trata de tener claro que cuando un medio abusa de los derechos que la sociedad le otorga, mella a la larga la credibilidad de todo el gremio periodístico. Se obstruye y mediatiza entonces nuestra fundamental misión de informar y orientar. Y ello, señores, tipifica una agresión estructural a la libertad de prensa. En consecuencia, no debemos cerrar los ojos frente a estos hechos.

Siete veces fui invitado a reunirme con Vladimiro Montesinos y siete veces me negué. Y no fue fácil. Como peruano, me he avergonzado luego ante videos que mostraban las bochornosas rumas de dinero con que Montesinos coimeó a la mayoría de medios en el Perú a cambio de su apoyo editorial. Y a lo que quiero llegar es que, hecha pública la vergonzosa afrenta, todos los medios, incluidos los pocos que nos mantuvimos independientes, fuimos víctima de la ola de descrédito que lógicamente enlodó a toda la prensa peruana. Otros casos, quizá no tan groseros –ni documentados— se han dado en otros países.

Por ello, continuando la labor de Jack Fuller, pretendo impulsar las acciones que nos llevarían a una reunión hemisférica sobre valores periodísticos. En nuestra asamblea de marzo, tendremos una amplia discusión interna sobre el tema de manera de decidir los pasos a seguir. Jack continuará liderando este proyecto.

Asistí a mi primera reunión de la SIP en Bahía, en 1986, hace ya 18 años. De la SIP de entonces a la de ahora hay un abismo: hoy la institución está más sólida que nunca, ha asentado su prestigio internacional y ampliado su atención hacia diversos nuevos temas, quizá menos conocidos pero no por ello menos importantes. Por ejemplo: propugna la educación a través de los diarios. Miles de niños en América Latina se benefician hoy de estos programas. La SIP apoya también un programa de acreditación de facultades de periodismo con el fin de mejorar la calidad de nuestros profesionales. A la fecha hay ya casi una decena de facultades en América Latina que han alcanzado los estándares requeridos para acreditarse.

En el tema de la libertad de prensa, por ejemplo, la SIP tiene ahora presencia en prácticamente todas las reuniones internacionales sobre prensa. Por su parte, la comisión de Impunidad trabaja arduamente para que los asesinos de periodistas paguen por haber silenciado una voz valerosa.

El éxito de la SIP no es gratuito. Y es que ha sabido siempre adelantarse a los acontecimientos. Chapultepec es un ejemplo vivo de ello.

Por eso, otro proyecto que intento plasmar durante mi presidencia es el Instituto de Periodismo de Investigación. Se trata de un antiguo anhelo que trabajamos en 1991 con el recordado Germán Ornes, quien se encargó de redactar sus estatutos y hacerlos aprobar por la Asamblea. Su objetivo será colaborar a mejorar el nivel del periodismo de investigación, el más complejo de producir y el que más prestigia o degrada.

Tendrá dos áreas de acción: capacitación, en aspectos técnicos y éticos, y la consolidación de una red de periodistas de investigación que les permita potenciar sus investigaciones. Para ello, facilitará la ayuda entre los mismos periodistas de investigación y brindará acceso a una gran base de datos que contendrá información y análisis sobre las investigaciones emblemáticas realizadas en nuestra área. Como vemos, el Instituto está llamado a constituir el gran foro del periodismo de investigación en el continente.

Para la SIP, será también grato acercarse a los periodistas en ejercicio, e integrarlos a nuestra labor en procura de un periodismo de calidad.

Es mi intención también incrementar la participación de representantes de los diarios electrónicos, tanto de los ya asociados como los independientes de calidad que deseen integrarse. Para ello estoy formando una comisión permanente que estará a cargo de Armando Gonzáles Rodicio. Tendrá como misión crear y desarrollar el foro interamericano de diarios electrónicos para lo cual tendrán un espacio propio durante las asambleas. Este servirá de marco para desarrollar y potenciar nuevas ideas, discusiones éticas, divulgación de nuevas técnicas y tantos otros aspectos que esta incipiente especialidad periodística requiere urgentemente.
En el plano organizativo pretendo continuar con la reestructuración de las comisiones.

Hoy la SIP tiene más de 30. La comisión temporal de ‘Plan Estratégico‘ (antes llamada ‘Recomendaciones’) continúa analizando si podemos desactivar o fusionar algunas. Entre otros cambios, se establecerán también objetivos anuales para cada comisión. Igualmente se definirá con precisión las funciones de las comisiones. Se está también tomado en consideración los años de servicio de los miembros de cada comisión, de manera que, inicialmente, quienes pasen de cinco años puedan gradualmente ir dando cabida a nuevos asociados. Para el próximo período quiero encargarle la presidencia de la delicada comisión de ‘Plan Estratégico’ a Diana Daniels. En Panamá tendremos una sesión especial de trabajo.

Soy parte de la cuarta generación de una familia de periodistas. Tengo por lo tanto muy claro que asumir la presidencia de la SIP es uno de los más grandes honores que cualquier periodista de este continente puede alcanzar. Por eso no puedo dejar de agradecerles a todos aquellos que han hecho posible alcanzar este sueño: empezando por mi esposa, mis hijos, mi familia, mi diario, El Comercio, y de manera muy especial a mi padre, que con su ejemplo me guió dentro de los cánones del periodismo independiente, aquel que siente al lector, y lo sirve por sobre todos los intereses; y a mi abuelo que nos dejó el legado de su ya memorable frase: “el periodismo, según como se ejerza, puede ser la más noble de las profesiones o el más vil de los oficios”.

Muchas gracias.









 


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