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General Assembly
Chicago , October 10-14, Illinois |
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Country-by-Country informes
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Discurso de Miró
Quesada, presidente de la SIP
60a Asamblea General, 22 - 26 de octubre 2004
Hoy,
la libertad de prensa es un derecho legítimamente asumido y aguerridamente
exigido por los ciudadanos de este continente.
Pero, ¿estarían estos valores de la libertad de prensa tan enraizados
y reconocidos en nuestro continente de no haber sido por la terca lucha que
la SIP ha liderado? Claro que no. Ha sido más de medio siglo de duro
enfrentamiento a favor de difundir los principios de la libertad de prensa
y de defenderla de sus agresores.
En los albores de nuestra institución, en los años 50, la lucha
fue contra el totalitarismo y la izquierda comunista que abominaba de esta
libertad tan engorrosa para los gobiernos represivos, especialmente los de
detrás de la cortina de hierro.
Unas décadas después el esfuerzo se orientó a defender
a la prensa de las garras de las dictaduras. Y no ceja, continúa en
el caso de Cuba y ahora lo hace con Venezuela.
En la última década, la lucha de la SIP se centró en
una nueva amenaza, bastante más sutil pero no por ello menos peligrosa:
la utilización de leyes y sentencias judiciales disfrazadas de democracia
que socavan la prensa libre. Y nuestra institución les salió
al frente con Chapultepec. En muy pocos años --acaba de cumplir diez--
la Declaración de Chapultepec se ha convertido en uno de los grandes
referentes doctrinarios de nuestro continente. Gran mérito de la SIP.
Sin embargo, hoy, un nuevo peligro acecha: la pérdida de credibilidad
de la prensa. Ello, entre otras razones, producto de diarios, canales de TV,
radios y diarios electrónicos que violan sus responsabilidades para
con la sociedad. Es decir, medios que quiebran las normas éticas en
procura de un abusivo provecho propio. Y claro, justos acabamos pagando por
pecadores.
Soy el primero en reconocer que debemos de ser muy cuidadosos al enfrentar
el tema de la responsabilidad de los medios, de la misma forma como lo fuimos
con Chapultepec --que también generó recelos en su etapa de
gestación--.
No estoy proponiendo convertirnos en censores de empresas periodísticas
y mucho menos conculcar el derecho a informar y opinar libremente. No, no
se trata de eso. Se trata de tener claro que cuando un medio abusa de los
derechos que la sociedad le otorga, mella a la larga la credibilidad de todo
el gremio periodístico. Se obstruye y mediatiza entonces nuestra fundamental
misión de informar y orientar. Y ello, señores, tipifica una
agresión estructural a la libertad de prensa. En consecuencia, no debemos
cerrar los ojos frente a estos hechos.
Siete veces fui invitado a reunirme con Vladimiro Montesinos y siete veces
me negué. Y no fue fácil. Como peruano, me he avergonzado luego
ante videos que mostraban las bochornosas rumas de dinero con que Montesinos
coimeó a la mayoría de medios en el Perú a cambio de
su apoyo editorial. Y a lo que quiero llegar es que, hecha pública
la vergonzosa afrenta, todos los medios, incluidos los pocos que nos mantuvimos
independientes, fuimos víctima de la ola de descrédito que lógicamente
enlodó a toda la prensa peruana. Otros casos, quizá no tan groseros
–ni documentados— se han dado en otros países.
Por ello, continuando la labor de Jack Fuller, pretendo impulsar las acciones
que nos llevarían a una reunión hemisférica sobre valores
periodísticos. En nuestra asamblea de marzo, tendremos una amplia discusión
interna sobre el tema de manera de decidir los pasos a seguir. Jack continuará
liderando este proyecto.
Asistí a mi primera reunión de la SIP en Bahía, en 1986,
hace ya 18 años. De la SIP de entonces a la de ahora hay un abismo:
hoy la institución está más sólida que nunca,
ha asentado su prestigio internacional y ampliado su atención hacia
diversos nuevos temas, quizá menos conocidos pero no por ello menos
importantes. Por ejemplo: propugna la educación a través de
los diarios. Miles de niños en América Latina se benefician
hoy de estos programas. La SIP apoya también un programa de acreditación
de facultades de periodismo con el fin de mejorar la calidad de nuestros profesionales.
A la fecha hay ya casi una decena de facultades en América Latina que
han alcanzado los estándares requeridos para acreditarse.
En el tema de la libertad de prensa, por ejemplo, la SIP tiene ahora presencia
en prácticamente todas las reuniones internacionales sobre prensa.
Por su parte, la comisión de Impunidad trabaja arduamente para que
los asesinos de periodistas paguen por haber silenciado una voz valerosa.
El éxito de la SIP no es gratuito. Y es que ha sabido siempre adelantarse
a los acontecimientos. Chapultepec es un ejemplo vivo de ello.
Por eso, otro proyecto que intento plasmar durante mi presidencia es el Instituto
de Periodismo de Investigación. Se trata de un antiguo anhelo que trabajamos
en 1991 con el recordado Germán Ornes, quien se encargó de redactar
sus estatutos y hacerlos aprobar por la Asamblea. Su objetivo será
colaborar a mejorar el nivel del periodismo de investigación, el más
complejo de producir y el que más prestigia o degrada.
Tendrá dos áreas de acción: capacitación, en aspectos
técnicos y éticos, y la consolidación de una red de periodistas
de investigación que les permita potenciar sus investigaciones. Para
ello, facilitará la ayuda entre los mismos periodistas de investigación
y brindará acceso a una gran base de datos que contendrá información
y análisis sobre las investigaciones emblemáticas realizadas
en nuestra área. Como vemos, el Instituto está llamado a constituir
el gran foro del periodismo de investigación en el continente.
Para la SIP, será también grato acercarse a los periodistas
en ejercicio, e integrarlos a nuestra labor en procura de un periodismo de
calidad.
Es mi intención también incrementar la participación
de representantes de los diarios electrónicos, tanto de los ya asociados
como los independientes de calidad que deseen integrarse. Para ello estoy
formando una comisión permanente que estará a cargo de Armando
Gonzáles Rodicio. Tendrá como misión crear y desarrollar
el foro interamericano de diarios electrónicos para lo cual tendrán
un espacio propio durante las asambleas. Este servirá de marco para
desarrollar y potenciar nuevas ideas, discusiones éticas, divulgación
de nuevas técnicas y tantos otros aspectos que esta incipiente especialidad
periodística requiere urgentemente.
En el plano organizativo pretendo continuar con la reestructuración
de las comisiones.
Hoy la SIP tiene más de 30. La comisión temporal de ‘Plan
Estratégico‘ (antes llamada ‘Recomendaciones’) continúa
analizando si podemos desactivar o fusionar algunas. Entre otros cambios,
se establecerán también objetivos anuales para cada comisión.
Igualmente se definirá con precisión las funciones de las comisiones.
Se está también tomado en consideración los años
de servicio de los miembros de cada comisión, de manera que, inicialmente,
quienes pasen de cinco años puedan gradualmente ir dando cabida a nuevos
asociados. Para el próximo período quiero encargarle la presidencia
de la delicada comisión de ‘Plan Estratégico’ a
Diana Daniels. En Panamá tendremos una sesión especial de trabajo.
Soy parte de la cuarta generación de una familia de periodistas. Tengo
por lo tanto muy claro que asumir la presidencia de la SIP es uno de los más
grandes honores que cualquier periodista de este continente puede alcanzar.
Por eso no puedo dejar de agradecerles a todos aquellos que han hecho posible
alcanzar este sueño: empezando por mi esposa, mis hijos, mi familia,
mi diario, El Comercio, y de manera muy especial a mi padre, que con su ejemplo
me guió dentro de los cánones del periodismo independiente,
aquel que siente al lector, y lo sirve por sobre todos los intereses; y a
mi abuelo que nos dejó el legado de su ya memorable frase: “el
periodismo, según como se ejerza, puede ser la más noble de
las profesiones o el más vil de los oficios”.
Muchas gracias.
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