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E
n s a y o p o r J a m e s M c C l a tc h y
Presidente
de la Comisión Chapultepec y Coordinador General
de la Conferencia Chapultepec Sobre Libertad de Expresión.
Actualmente es editor de McClatchy Newspapers, que publica
The Sacramento Bee y otros diarios. Nacido en Sacramento,
California, ha sido reportero y director periodístico
la mayor parte de su vida. Obtuvo su B.A. en la Universidad
de Stanford y su título de post-grado en la Universidad
de Columbia. Director de varias asociaciones conservacionistas;
y ex-presidente y director de la Sociedad Interamericana
de Prensa. Fue piloto de la Fuerza Aérea y ejecutivo
de Pacific Stars and Stripes, el diario militar, durante
la guerra con Korea.
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La
Sociedad Interamericana de Prensa ofrece en este libro un análisis
completo y muy revelador de las leyes que afectan a la piedra angular
de la democracia en la América Latina ? el derecho a la libertad
de palabra y la libertad de expresión.
Por
vez primera se han recopilado, país por país, todas las leyes que
en nuestra región ponen cortapisas a estos derechos.
Y
para que no quepa duda alguna de la medida en que estas leyes imponen
restricciones a la libertad de prensa y, por consiguiente, a la
democracia, la legislación de cada país se comparará con los diez
principios de la libertad de expresión que consagra la Declaración
de Chapultepec en una próxima entrega.
Habida
cuenta de la conciencia cada vez mayor que el público tiene de la
Declaración, abrigamos la esperanza de que legisladores y dignatarios
públicos utilicen esta información como guía para la redacción de
leyes que deroguen la legislación que reprime a la prensa y que,
al mismo tiempo, robustezcan los principios sobre los que descansa
la libertad de prensa.
Pero
no pecamos de ingenuos. La oposición a la prensa libre como voz
de la fe democrática es un fenómeno histórico, potente, brutal.
La oposición será implacable y no vacilará en echar mano de todos
los medios ? directos e indirectos ? a su alcance, incluso el asesinato,
la manera más directa y primitiva de acallar la voz de la prensa
libre. Son hábitos muy arraigados y transcurrirán muchos años antes
que ese orden de cosas cambie.
No
obstante, con el desplazamiento de la mayoría de los regímenes autoritarios
por las fuerzas democráticas vemos también la pujanza de movimientos
que buscan fortalecer el concepto de la libertad de prensa. El hecho
de que 27 presidentes o primeros ministros e innumerables figuras
públicas del hemisferio hayan firmado la Declaración y expresado
su respaldo es clara señal de esta creciente aceptación.
Sabemos,
desde luego, que algunos no estaban muy ansiosos de firmarla pero,
después de otear los nuevos vientos que soplan en sus países, acabaron
por hacerlo.
A
lo largo de los años, muchos socios de la SIP han defendido intrépidamente
la libertad de expresión, no pocos de ellos a costa de grandes sacrificios
personales. Esta recopilación es una nueva arma que podemos esgrimir
en la lucha en pro de la libertad de prensa.
La
Declaración de Chapultepec nació de una inquietud que se planteó
sin mayores formalidades en el seno de la SIP ? ¿por qué no crear
una declaración de la libertad de expresión, un documento que sea
de todos; un documento que no provenga de los gobiernos sino que
sea una declaración de principios formulada por ciudadanos particulares?
Acogimos
esa inquietud con la invitación a 135 ciudadanos prominentes, directores
de periódicos, al filósofo y laureado Nobel Octavio Paz, a decanos
de facultades de derecho, abogados dedicados a la causa de la libertad
de expresión, escritores, ex jueces y a otros con destacados historiales
de servicio público, provenientes todos de distintos países del
Hemisferio Occidental, a reunirse en el histórico Castillo de Chapultepec
en Ciudad México. En dos días de deliberaciones, este grupo forjó
una declaración que contiene los diez elementos fundamentales de
la libertad de expresión; naturalmente, la llamamos la Declaración
de Chapultepec, y fue promulgada el 11 de marzo de 1994.
Tuvimos
la gran suerte de que don Javier Pérez de Cuéllar, ex Secretario
General de las Naciones Unidas, aceptara nuestra invitación y accediera
a presidir la reunión. Su gran sabiduría y sus dotes de líder nos
permitieron superar algunos momentos difíciles; su participación,
no cabe duda, fue esencial para nuestro éxito.
Este
extraordinario documento ha comenzado a abrirse paso, a echar raíces.
La Declaración se cita hoy día en la vida pública, en conversaciones
que tratan de derechos humanos y de democracia. Figuras de renombre
mundial como don Federico Mayor, Secretario General de la UNESCO
la han firmado. La Declaración ha cobrado vida propia.
La
audacia de la Declaración probablemente sea una de las razones por
que atrae tanta atención. Al no pertenecerle a nadie, la Declaración
no conoce fronteras. Trasciende los gobiernos para llegar a la persona,
a las organizaciones privadas, a los ciudadanos en todo el hemisferio.
Ningún gobierno puede enmendarla ni abrogarla porque, al no pertenecer
a nadie, es de todos.
Ofrece
la esperanza de que un documento público que especifica los principios
de la libre empresa dé nuevo vigor a la demanda ciudadana de una
sociedad más justa.
Queremos
que sus beneficios sean parte de la urdimbre de la vida pública
ordinaria, una fuerza pujante que apoye a la democracia en este
hemisferio.
La
Declaración, al dar expresión al deseo de innumerables millones
de seres humanos de poder decir lo que piensan, escribir sus opiniones
e informar sobre el acontecer público sin temor de ser castigados,
pertenece a esos innumerables millones.
Esta
declaración puede ser el aglutinante que haga de los defensores
de la libertad de prensa una fuerza potente en el hemisferio occidental.
Para triunfar en este empeño debemos perseverar. Invitamos a todos
los que desean el robustecimiento de las sociedades democráticas
? organizaciones, asociaciones, particulares ? a que brinden su
apoyo y su esfuerzo a la Declaración de Chapultepec.
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