Buenas noches, señoras y señores. Amigos, hoy es el comienzo
de mi año como presidente de nuestra extraordinaria organización.
Entiendo que ustedes esperan un discurso muy largo, pero la verdad es que
tengo pocas palabras en español, en portugués e incluso en inglés.
Sé que mi brevedad será una gran decepción para ustedes.
Pero tendrán que consolarse con un baile al ritmo del conjunto Chicago
Jazz Ensemble.
Así es que voy a tocar algunos de los temas que creo van a ser sumamente
importantes durante el año en que ocuparé el cargo que ustedes
me han confiado.
Estarán encantados de saber que la mayor parte del
tiempo no hablaré en portugués ni español, aunque intentarlo
sería menos imponente que el haber sido elegido para servirles como
su presidente. Mi fluencia es poca y lo que requiere decirse y hacerse, demasiado
grande.
Hay que atender las finanzas de la organización. Aunque,
gracias a la generosidad de algunos de ustedes, hemos hecho progresos sustanciales
en hacer de nuestro maravilloso nuevo edificio una parte fiscalmente estable
de la SIP, todavía tenemos un camino por recorrer.
Hay otros graves temas, que están en el centro de nuestra
preocupación y de nuestra razón de ser. Todavía asesinan
a los periodistas en una proporción alarmante en este hemisferio. Catorce
han muerto desde nuestra pasada Asamblea General. En Colombia, México,
Brasil, sigue siendo dolorosamente cierto ?tal como me comentó un periodista
mexicano hace algunos años? que el asesinato de periodistas, narcotraficantes
y prostitutas es lo mismo para las autoridades. Y por eso, tristemente, el
trabajo del Proyecto Impunidad y de la Comisión de Periodistas en Riesgo
se torna más urgente con cada mes sangriento.
Aunque son pocos los asesinatos, resultan más comunes
las amenazas y otras formas de intimidación contra los periodistas.
Junto con el asesinato, conforman el tejido mediante el cual terroristas,
criminales y muchos funcionarios gubernamentales confían en sofocar
la libertad de prensa.
El Proyecto Chapultepec es menos urgente pero no menos significativo.
Ha producido ya resultados positivos, mas allá de lo que cualquiera
de los implicados en él desde su origen habría podido imaginar.
Firmado por los líderes de la mayoría de las naciones del hemisferio,
la Declaración de Chapultepec se ha convertido en estímulo y
basamento de una naciente ley internacional de libertad de expresión
en el hemisferio.
Trabajaremos el año próximo sobre los resultados
de la reunión extraordinaria de junio de 2002 en Washington, que reunió
a la mayoría de los responsables de aplicar la justicia en las Américas,
para discutir el modo en que el periodismo y el poder judicial pueden servir
a la causa de la transparencia y del desarrollo político y económico.
El jueves partiré hacia República Dominicana para tratar allí,
ante el poder judicial, el tema de la relación entre una libertad de
prensa independiente del poder judicial y el desarrollo nacional.
Durante el año próximo tendremos reuniones con representantes
del poder judicial en Nicaragua, Panamá, México, Colombia, Ecuador
y Guatemala. Además, en mayo de 2004 reuniremos a los líderes
legislativos de las Américas en Washington para discutir el papel constructivo
que pueden desempeñar en la protección de la libertad de prensa
y el perfeccionamiento de la transparencia y el desarrollo económico
y humano en sus países.
Sin embargo, aunque las naciones de nuestro hemisferio, con
algunas excepciones? la más notable de ellas, Cuba? han elegido democráticamente
sus gobiernos, prosiguen las amenazas. Presión económica, retórica
seductora populista, narcotráfico, corrupción oficial y terrorismo
se alistan contra la soberanía popular, el imperio de la ley y la libertad
de expresión, que forman el fundamento necesario para el progreso y
la reforma.
Si podemos realmente institucionalizar la libertad de prensa
como parte vital del derecho nacional e internacional, ésta podría
erigirse como una roca contra cualquier populista, cualquier caudillo, cualquier
funcionario corrupto, cualquier revolucionario.
Más allá de este hemisferio y amenazando con
tener un impacto por doquier —para bien o mal— tiene lugar un
proceso internacional que ahora entra en su fase final. Pronto se darán
los últimos pasos preparatorios hacia la Cumbre Mundial sobre la Sociedad
de la Información.
Esta Cumbre está llena de riesgos y de esperanzas.
Estaremos muy bien representados, como antes lo estuvimos por Saturnino Herrero
Mitjans y Andrés García Gamboa. Pero incluso su sabia dirección
no podría, por sí sola, enfrentar las amenazas potenciales de
este proyecto de Naciones Unidas. Supondrá esfuerzo, de parte de todos
y cada uno, fortificar las delegaciones de nuestros propios países
para defender los principios de Chapultepec, los principios de la libertad
de expresión y de la libertad de prensa. (PAUSA)
En la raíz de todas estas iniciativas, y de otras en
las cuales muchos de ustedes han entregado tanto esfuerzo desinteresado, prevalece
la misión central de la Sociedad Interamericana de Prensa, que se corporiza
más completamente en la Comisión de Libertad de Prensa: la defensa
y promoción de la libertad de expresión allí donde esté
amenazada en el hemisferio. Justamente, a este esfuerzo esencial y vital,
más que al establecimiento de nuevos programas e iniciativas, pretendo
dedicar mis mayores energías el año próximo.
Después de una etapa de grandes esperanzas —
la desaparición de las dictaduras en Chile, Argentina, Brasil, Perú
y muchas partes—, América Latina ha entrado en un período
de nerviosa vigilancia. En Venezuela los riesgos para la libertad de expresión
son manifiestos. Hugo César Chávez no cree en la libertad ni
en la soberanía popular; cree en el control y en la fantasía
romántica de su destino heroico.
En Cuba, la última dictadura clásica del hemisferio se ha tornado
recientemente aún más venenosa para la libertad de prensa. Los
periodistas independientes se consumen en las cárceles. Se han silenciado
las voces de la disensión. Bolivia atraviesa ahora el tipo de crisis
que puede conducir al ascenso de las fuerzas antidemocráticas y a la
supresión de la prensa libre. En Perú, Argentina, Ecuador, Brasil,
las dificultades económicas amenazan con transformarse en contrarreforma
política, en la que la libertad de prensa –conquistada a menudo
con sangre— sería la primera víctima. En Colombia, México,
Brasil y otras partes, se sigue vertiendo sangre noble. Nadie es inmune a
ello, tal como aprendí cuando participé en una misión
a Bogotá el año anterior. Al llegar, las guerrillas izquierdistas
secuestraron a dos corresponsales de Los Angeles Times, uno de los periódicos
de mi compañía. Aunque finalmente fueron liberados ilesos, el
mensaje era claro. La intimidación violenta de los periodistas no posee
nacionalidad.
Durante el año próximo me centraré en
las cuestiones esenciales de la Sociedad Interamericana de Prensa. Con el
apoyo del presidente de la Comisión de Libertad de Prensa, Rafael Molina,
y de otras personas, trataré de llevar un cambio positivo a los lugares
en donde se asfixie la libertad de prensa. Planeamos comenzar en Venezuela
donde la situación, justo en este momento, es crítica.
(En español)
A Hugo César Chávez le digo lo siguiente: que lo estamos vigilando
y sabemos lo que hace. Esperamos que se adhiera perfectamente al mandato de
la ley y a los procesos decentes de la democracia. Con todos los medios posibles,
apoyaremos a nuestros colegas en Venezuela, que tratan de decir la verdad
sobre la situación tan peligrosa que vive el país.
A Fidel Castro le digo que ahora es el momento de iniciar
un diálogo con representantes de la SIP, con el fin de liberar a los
periodistas independientes que se encuentran en las cárceles y de establecer
relaciones modernas y saludables entre el gobierno, la prensa de Cuba y el
resto del hemisferio.
A los que matan o amenazan a periodistas, y a los funcionarios
que participan o que no prestan suficiente atención a estos casos,
les digo que vamos a perseguirles sin descanso.
He solicitado de otras personas su especial apoyo durante
mi mandato como presidente. Ya mencioné a Rafael Molina, quien proseguirá
como presidente de la Comisión de Libertad de Prensa y a Andrés
García Gamboa (mi predecesor en el cargo) y Saturnino Herrero Mitjans
quienes copresidirán la Comisión Cumbre Mundial sobre la Sociedad
de la Información y a Andrés García Lavín como
presidente honorario. Además, he nombrado a William Casey como presidente
de la Comisión de Premios y a Robert Cox como presidente honorario;
a Sergio Muñoz como presidente de la Comisión de Chapultepec
y a James McClatchy como presidente honorario; a Scott Schurz como presidente
de la Comisión de Finanzas; Edward Seaton continuará como presidente
de la Comisión de Fundaciones; Liza Gross será la presidente
de la Comisión de Sedes Futuras; Alberto Ibargüen continuará
como presidente de la Comisión de Impunidad y Danilo Arbilla será
presidente honorario; Jayme Sirotsky y Bartolomé Mitre serán
copresidentes de la Comisión de Asuntos Internacionales y Horacio Aguirre
su presidente honorario; Héctor Dávalos seguirá como
presidente de la Comisión Legal y Raúl Kraiselburd será
presidente honorario; Bruce Brugmann, presidente de la Comisión de
Membresía para Norteamérica; Gonzalo Marroquín y André
Jungblut, copresidentes de la Comisión de Membresía para América
Latina y el Caribe; Nédila Esther Rajneri, presidente de la Comisión
de Orientación a Nuevos Socios; José Santiago Healy, presidente
de la Comisión El Diario la Educación; Andrés García
Gamboa, presidente de la Comisión de Nominaciones; Alejo Miró
Quesada Cisneros, presidente de la Comisión de Programa; Tony Pederson
será presidente de la Comisión Interamericana y Jorge Fascetto
su presidente honorario; y Enrique Santos Calderón, continuará
como presidente de la Comisión de Periodistas en Riesgo y Julio Mesquita
será presidente honorario.
Les pido que les demos a todos un efusivo aplauso por su disposición
a servir en estas funciones vitales.
La mayoría de ustedes conoce mejor que yo cuán
importante puede ser el trabajo de protección de la Sociedad Interamericana
de Prensa en tiempos de crisis. La mayoría de ustedes conoce mejor
que yo lo que significa tener un lugar al que volverse cuando la amenaza de
la libertad de prensa se acrecienta.
Pero todos sabemos igualmente que la libertad de prensa es
la precondición del desarrollo político y económico,
que la libertad de expresión es la precondición del mejoramiento
de la condición humana, y que el precio de proteger esas libertades
nunca será menor que la vigilancia permanente.
Con la ayuda de ustedes, la Sociedad Interamericana de Prensa
continuará durante el próximo año siendo los ojos y los
oídos de esa vigilancia, la voz de la conciencia, y el corazón
fuerte y seguro de nuestra unitaria y perdurable fe en la libertad y la democracia.